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Alejadro Cano, quien ha trabajado como periodista durante los últimos 13 años decidió naturalizarse y participar en las elecciones tras escuchar los ‘insultos' de Donald Trump contra los mexicanos.

Opinión: 'Con mi voto, enviaré un mensaje claro y conciso'

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Colaborador de La Prensa

Seis meses y cuatro días después de que el entonces pre candidato Republicano a la Presidencia, Donald Trump, vociferara la polémica, cruel y despiadada mentira de que la gran mayoría de los mexicanos inmigrantes somos violadores, narcotraficantes y criminales, y que solamente “algunos” somos decentes, me encontraba en la ciudad de Los Ángeles recibiendo el certificado de naturalización de los Estados Unidos.

Si, después de 26 años de haber radicado en el país como residente legal, me encontraba allí, el pasado 20 de enero, en medio de 3,628 personas recibiendo el certificado que nos abría las puertas a las casillas electorales.

La respuesta a la común pregunta “¿Por qué hasta ahora te hiciste ciudadano?” es muy sencilla: por dignidad, amor a mi comunidad y en memoria a los que vinieron antes de nosotros.

Tras escuchar esas polémicas declaraciones se despertó en mi una ansia de expresar mi sentir, deseos de proteger a los más vulnerables y de luchar por aquellos que no pueden defenderse.

Ese odioso mensaje despertó en mi ese feroz ser que rugirá el próximo 8 de noviembre con un ensordecedor “NO” a Donald Trump.

Como reportero tal vez seré criticado por abiertamente expresar mi sentimiento en contra de un hombre vil y miserable cuya retórica de odio ha dividido a la nación. Como reportero exijo transparencia a los representantes en todo nivel político, y lo justo es que como reportero también yo ofrezca transparencia.

Pude fácilmente ignorar el insulto y seguir con mi vida bajo la excusa de que los reporteros debemos ser imparciales, y en efecto, debemos serlo, sin embargo; antes de ser reporteros también somos seres humanos que sienten y sufren. Pude haber hecho caso omiso y continuar mi rutina de vida, sin embargo; jamás me hubiera perdonado.

Como Alejandro Cano el nuevo ciudadano, no reaccionar y seguir sin el derecho al voto hubiera sido un insulto a mis antepasados, incluyendo a mi padre que abandono su natal Mérida, Yucatán, México para laborar como bracero durante sus años mozos. Hubiera ignorado el sacrificio para emigrarme de manera legal, el sudor a base de dolor con el cual nos dio lo que pudo.

No reaccionar hubiera sido una ofensa a la memoria de los Latinos caídos en batallas y guerras defendiendo el derecho a la libertad y por ende al voto; hubiera sido una traición a mi patria y un golpe bajo a mi comunidad, misma que funge como columna vertebral de la economía nacional.

El próximo 8 de noviembre votaré educadamente pensando en mi hermano mayor, uno de millones de eslabones de una cadena que hace andar la maquinaria gringa. Votaré por todo aquel que no tiene el derecho a hacerlo. Votaré por el joven estudiante beneficiado de la orden ejecutiva DACA, si, por aquel soñador que dia tras dia se esfuerza y por el cual nuestros hermanos cuentan con beneficios nunca antes vistos.

Votaré por defender la dignidad y el respeto a la mujer. Votaré para mantener los valores morales y en defensa a la libertad de expresión y libertad de pensamiento, de conciencia y religión.

Con mi voto, enviaré un mensaje claro y conciso: no al odio. Con mi voto, defenderé mi dignidad.

Y no estaré solo.

Según cifras oficiales del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés), de julio 1 de 2015 a junio 30 de 2016, se han aprobado 736,189 solicitudes de naturalización, y aunque se desconozca a ciencia cierta cuantos de los nuevos ciudadanos votarán en contra del odio, estoy seguro que la moralidad vencerá a la indecencia.

Según datos oficiales, en los Estados Unidos radican un total de 57 millones de Latinos, de los cuales 27 millones tienen derecho al voto y se espera que 13 millones de nosotros acudan a las urnas el próximo 8 de noviembre. El efecto Trump motivará a muchos a decirle no a los insultos y ofensas y en vez votarán en pos del progreso y bienestar.

Trump muy pronto se arrepentirá de las pestes que vociferó el pasado 16 de junio de 2015 cuando lanzó oficialmente su campaña. El gigante ha despertado y Trump está a punto de ser destrozado, aniquilado, políticamente hablando, después de todo “Love Trumps Hate” (El Amor vence al Odio”.


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