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(Martha Ramírez/Reportera de Excélsior)
Alondra Campos, de 31 años y residente de Santa Ana, encontró "el apoyo moral, espiritual y mental" en Latino Health Access. Lea su historia aquí.

Después de la tiniebla, llega la claridad

A sus 31 años, Alondra Campos tuvo que pasar por varias adversidades en su intento por rescatar su vista, encontrando la diferencia en Latino Health Access

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Reportera de Excélsior

Ú ltima de tres partes: No contar con un seguro médico en Estados Unidos afecta a todos, por lo cual, Excélsior quiso investigar los retos que enfrenta la comunidad latina de O.C., que vive sin seguro médico, para obtener acceso a cuidado médico. Esta serie está siendo producida como un proyecto del California Endowment Health Journalism Fellowships, un programa del Annenberg School for Communications & Journalism de la Universidad del Sur de California (USC, por sus siglas en inglés).

Vivir con diabetes no es nada nuevo para Alondra Campos. A sus 31 años de edad, ha aceptado la enfermedad como parte de ella, pero no siempre fue así.

De tan solo nueve años, la diabetes ya jugaba un factor en su vida.

“Nunca me cuidé, yo nunca hice caso de que ‘toma insulina, chécate la azúcar, haz tu ejercicio, come adecuadamente'”, dijo la residente de Santa Ana.

El descuidarse su diabetes, por tanto tiempo, probó ser un hecho que la perjudicaría como jamás se imaginó, años después.

Al pasar de los años, llegó a pesar menos de 90 libras y la vista le comenzó a fallar al punto de “mirar casi ya nada”. Esta nueva realidad la impulsó a quererse cuidar como nunca antes lo había hecho, y decidió ir con un doctor.

¿El diagnóstico? Nada favorable.

Tenía las retinas caídas, cataratas y hemorragias en ambos ojos.

“Empecé a perder mi vista, me noté una gran diferencia en mis ojos, de que ya no miraba bien, ya miraba borroso, ya casi no miraba… ya no miraba colores, era pura sombra”, dijo Campos.

Para entonces tenía más de 25 años y, a pesar de querer tomarse su enfermedad en serio, ya no contaba con el Medical que la cubría como menor de edad y enfrentaría una gran batalla mientras intentaba buscar cobertura médica.

“Solicité para los seguros y todos me negaron, todos me decían lo mismo, porque me decían ‘es que tú eres diabética, estás en alto riego y necesitas operaciones y no te podemos ayudar'. Me quedé ‘OK, se me cierran (las) puertas encima'”, dijo Campos. “Me sentí impotente, obviamente...yo le decía a la gente ‘diabética y perdiendo la vista y cuando te cierran las puertas…te agobias más'”.

Entre las puertas cerradas que se encontró estaba un hospital donde pensaba que recibiría una operación en los ojos. Pero había una barrera: 25,000 dólares.

“Como yo no tenía Medical y no tenía seguro…no se llevó porque yo no tenía dinero”, dijo Campos. “Me vine triste, llorando porque yo pensé que literalmente me iba a quedar ciega porque día con día empeoraba mi vista, no me mejoraba, llegó el punto de (que) ya no miré a la gente, ya no miré los colores, no más eran puras sombras que pasaban… era tan severo la pérdida de vista que tenía”.

“Me afectó como cinco minutos”, dijo acerca del rechazo que recibió en aquel hospital. “No era la única opción que tenía estar en ese hospital, tenía otras miles opciones más…(y) aunque todas las otras miles opciones se me cerraron…nunca perdí la esperanza, la fe, el deseo de mejorar la vista, yo nunca la perdí, y eso fue mi motor, nunca perder la esperanza (de) poder mirar un poco mejor”.

Y así fue.

Durante su búsqueda escuchó hablar de una organización local que ayudaba a personas como ella.

Latino Health Access.

“Me acordé que me habían dicho de que Latino ayudaba, Latino daba clases de diabetes, que Latino daba información”, dijo Campos.

Pero esta curiosidad por la organización sin fines de lucro, cuya meta es luchar contra los problemas de salud públicos afectando a una comunidad de familias que no son muy representados y que no tienen seguro médico, no duraría.

“Yo decía ‘OK Latino Health Access no más me va a dar pura información' y eso yo no quería, yo quería hechos ¡ya!”, dijo Campos. “Yo no quería tomar clases, yo venía terca que no quería escuchar más clases… ya no quería escuchar que yo soy diabética, yo quería escuchar ‘OK, este día va a tener la operación'”.

Campos decidió seguir buscando un seguro por su propia cuenta y, aunque se encontraba determinada, la suerte no estaría con ella.

Un día recibió la llamada que tanto esperaba. Una llamada prometiéndole la luna y las estrellas, en forma de un seguro médico.

Campos admite que en su “desesperación”, le creyó todo a la persona en el otro lado del teléfono y aceptó pagar 800 dólares por “una de las mejores seguros que ahorita puedes adquirir”, pero la que, para su mala fortuna, terminó siendo un fraude.

“Esa llamada que se volvió en fraude, fue como mi rock bottom (tocando fondo)”, dijo Campos, que a pesar de intentar mantenerse positiva acerca de su situación, admitió finalmente quebrarse.

“Llegó un día…donde yo lloré todo el día, lloré y lloré y grite y dije ‘¿por qué me está pasando esto a mí, ahorita?' ‘¿por que se me está yendo mi vista?' ¿por qué no puedo calificar por ningún Medical?'. Lloré porque ya no podía mirar a mi mamá, lloré porque ya no podía mirar a mis hermanos, a mis hermanas, de todo reclamé, le reclamé a Dios, (me) reclamé a mí misma, (le) reclamé a todos de que por qué me estaba pasando esto, y fue la única noche… que quedé deprimida…solamente esa noche, el siguiente día me paré y dije ‘¿Sabes qué? Es la primera y última vez que lloro por lo que me está pasando'”, dijo Campos. “Si yo me deprimo, si yo me pongo a llorar, si me pongo triste, ¿qué voy a ganar a cambio? Nada”.

Sin embargo, no dejó de preguntarse ¿por qué?

“En ese momento…se siente uno impotente, que no vale nada…me quedaba pensando de que cómo el sistema me estaba defraudando a mi, cómo el sistema me pone a un lado porque soy diabética ‘te estás quedando ciega, hasta pa' un lado,' cómo el sistema en vez de que me ayudara, a mi estaba dejándome vivir en una vida en tinieblas, porque es así como miraba yo, pura tiniebla”.

A final de cuentas, el fraude terminó brindándole algo inesperado a Campos: otra oportunidad con Latino Health Access. Y el lugar donde su vida cambiaría para siempre.

A pesar de haber rechazado la ayuda de Latino Health Access anteriormente, la volvieron a recibir con una sola condición: “Latino pone de su parte mientras que tu pones de tu parte”.

Y de eso se encargó Campos.

“Yo me dedicaba a mi dieta y a mi dieta y a mi ejercicio y a mi medicina, mi insulina y así es como me controlé el diabetes”, dijo.

La suerte de Campos estaba por cambiar. Poco después de ingresarse en las clases de Latino Health Access, le llegó la oportunidad de verse con un doctor que tiene una asociación con la organización, acerca de sus ojos.

¿El resultado? Cuatro operaciones por unos 8,000 dólares en total.

Se logró con la ayuda de muchos, incluyendo a Latino Health Access, que llevó a cabo una “tamalada” para ayudarle a cubrir los gastos.

“Estoy segura que para mi es una bendición haber perdido mi vista, fue una bendición para mi haber seguir siendo diabética porque si no, entonces yo no hubiera conocido a Latino Health Access, fue una bendición de que a mi se me cerraron las puertas, fue una bendición que a mi se me corrió de ese hospital”, aseguró Campos. “Yo me siento bendecida porque de esa forma yo llegué a LHA. Yo se los agradezco porque cuando se cierra una puerta, tres más se abren…y la puerta más importante que se me abrió fue la de Latino Health Access, la puerta que todavía sigue abierta”.

“Dicen que la vista es uno de los regalos más preciosos que te ha dado la vida ¿no? Pero también yo pienso que uno de los regalos que me han dado es haber perdido la vista porque si no hubiese perdido la vista, yo nunca me hubiera cuidado de mi diabetes”, dijo Campos. “Todavía miro un poco nublado, pero miro los colores, miro la gente, me guío, me voy hacer promociones, alrededor yo sola caminando o con mis amigos o sea a si ando pa' rriba y pa' bajo”, dijo con una risa traviesa.

Su primera operación fue a finales de 2008 y la última a mediados del año pasado y, aun recuerda el momento cuando recuperó su vista.

“Yo me emocioné porque era la primera letra que podía leer, una E, imagínate, no desde tanto tiempo de no mirar nada a empezar a mirar una letra, o sea ¡una E! ¡esa es una E! y yo me emocioné y en ese tiempo allí estaba mi pareja (y yo) ‘¡esa es una E!' y nos quedamos mirando(nos) (y) nos empezamos a carcajear, digo ‘qué ilógico que ya pueda leer una E'…para mi es más de lo que yo esperaba”.

Hoy, Campos tiene otra mentalidad acerca de su diabetes y la está usando para motivar a otros.

“Antes como me avergonzaba de ser yo una persona que vive con diabetes… pero ahora yo estoy orgullosa de decir ‘¿Sabes qué? Soy Alondra y soy una persona que vive con diabetes' y yo se lo digo a todo mundo”, dijo.

Actualmente Campos presta su tiempo en Latino Health Access, un acto que la hace feliz.

“Ahorita es a lo que me dedico, a pasar la voz para que no haya otra Alondra que no se supo cuidar…lo hago porque nace de mi. Siempre voy a ser parte de Latino, y aquí estoy para brindarle la historia a la siguiente persona que venga, es lo menos que puedo hacer para repagar todo lo que ha hecho Latino por mi. A Latino yo ya no le puedo decir que no… ahorita mis horas mis días se los dedico a Latino”, puntualizó riéndose.

Campos quiere que todos sepan lo que Latino Health Access hizo por ella.

“Algo importante que quiero que todos sepan es que Latino existe, Latino está haciendo (una) diferencia. Ojala y haya personas que digan ‘voy a rectificar mi vida y voy a hacer unos cambios y voy a buscar a Latino Health Access para tomar esas clases',” expresó ¡Mi historia se va a escuchar! El apoyo de Latino, el apoyo moral, espiritual y mentalmente de ellos es lo que se ofrece aquí… no puedo decir que le van a asegurar 100 por ciento que va a tener un doctor, pero el apoyo de Latino va a estar allí por siempre”.


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