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(Joshua Sudock/The Register)
Unos marineros mexicanos patrullan la costa de Baja California, México.

Tan cerca, pero a la vez, tan lejos

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Reportera de Excélsior

Esta es la segunda parte de la serie titulada “La nueva frontera”, enfocada en la nueva tendencia de algunos coyotes, a veces aliados con carteles de drogas, a pasar a gente por el océano en pangas u otras naves.

El motor había muerto horas antes.

Ariel del Valle y aproximadamente una docena de hombres mexicanos estaban en un barco perdido en el océano oscuro, que parecía desaparecer entre el cielo de la noche. Las últimas horas de su viaje ilegal hacia Estados Unidos estaban a punto de acabar con ellos.

A la distancia, Del Valle, de 30 años y proveniente de Aguascalientes, México, vio los comienzos de cuatro islas y una luz parpadeante que parecía venir de un faro. Él iba camino a Huntington Beach, donde están su esposa y tres hijos. Las islas parecían estar tan cerca, pero Ariel no se confió. Estas imágenes estaban demasiado lejos y el agua demasiado fría.

“Probablemente me muera antes de llegar a esas islas”, pensó.

Aun así, siguió pensando durante la noche entera, las islas lo burlaban con pensamientos de un posible refugio. Éstas terminaron siendo las Islas Coronado, formadas por piedras que sirven como un punto de navegación para el contrabando de humanos y drogas a las playas de California.

Las islas, que en su mayoría no pueden ser habitadas, están ubicadas en la costa noroeste de Baja California y aproximadamente a 19 millas al sur de la frontera de Estados Unidos.

¿Islas de refugio?

Unos oficiales de la marina mexicana insisten que sería casi imposible desembarcar en cualquiera de las islas, y que jamás han tenido que rescatar a alguien en las Islas Coronado.

Durante una visita reciente, el capitán de la marina mexicana Javier Jara señaló el terreno áspero y las orillas escarpadas de la isla, por un barco que viajaba a aproximadamente 20 nudos mientras circulaba por ahí.

“¿Ve?”, preguntó Rivera. “Uno no podría sobrevivir la noche allí”.

Sin embargo, Rafael Hernández, un pescador local de San Diego, que visita las islas para dejarles agua y comida a los inmigrantes embarcados, dicen que han ido a las islas muchas veces sin problema.

Hernández, que lidera un equipo de rescate llamado “Desert Angels”, dijo que se ha encontrado a personas que han sido abandonadas en la isla por coyotes que buscan evadir a los agentes de la Patrulla Fronteriza. La labor de los “Angels” es en su mayoría sobre tierra. Sin embargo en años recientes, al hacerse más común cruzar por mar, también se han enfocado en ayudar a personas embarcadas en el mar o en las islas. Las historias que han escuchado son horribles.

Frecuentemente, los coyotes dejan a grupos de personas con solo una jarra de agua y una promesa de que regresarán, dijo Hernández.

Las islas sirven como un lugar para que los contrabandistas puedan mover su carga.

La Marina Mexicana a veces puede rescatar a gente de las Islas Coronado, dijeron unos oficiales. Algunos son pescadores americanos y mexicanos. Otros son mexicanos buscando llegar al Norte, dijo Rivera.

Algunas de las personas que son rescatadas por la Marina mexicana tienen rasgos de que han estado en el mar por un buen de tiempo. De vez en cuando son hallados con sed y débiles.

Rescatados en el mar

Para cuando el coyote de Del Valle le llamó al número de emergencia de Ensenada, ya eran las tres de la madrugada. La luz parpadeante había desaparecido y lo único que miraba Del Valle era el agua.

“Por favor, alguien tiene que ver esto”, se dijo a sí mismo. Prendió uno de los colchones y se quemó los dedos en el proceso. Para entonces, dijo que no podía sentir su pierna derecha por el frío entumecedor.

Tiempo después de que dieron las cuatro de la madrugada, una luz iluminó el barco.

“¿Están bien?”, preguntó un oficial mexicano desde un barco de la Marina. Los oficiales mexicanos rescataron a los hombres de la nave que estaba por hundirse.

“Iban camino al Norte, ¿verdad?” uno de ellos le preguntó a Del Valle. “No son turistas”. El oficial los regañó por estar mal preparados para hacer el viaje en mar sin chalecos salvavidas, sin suéteres, ni chamarras.

El clima y el agua que forman las piedras de las Islas Coronado cambian impredeciblemente a cada hora. Un día soleado puede convertirse en un día lluvioso, sin aviso.

Don Mario dijo que ha escuchado historias de inmigrantes que fueron abandonados al norte de la isla. Dice que es una situación atrevida y peligrosa.

Don Mario, que ha vivido al sur de la isla por aproximadamente seis años, dice que ni siquiera sale de su casa cuando está lloviendo o está haciendo mucho aire.

Prefiere las noches frías y claras en la isla. Le gusta pararse en su patio y admirar el océano iluminado en el horizonte, brillando con la vida de Rosarito. A veces, cuando la noche y las condiciones están tranquilas, dice que puede escuchar el motor de una panga pasar por allí.

Este proyecto fue posible por el International Reporting Fellowship, el International Center for Journalists y el Ford Foundation.


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