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KARLA AMEZOLA
“No soy racista ni neo-nazi, debe haber un mayor control entre los que cruzan esa frontera. Perdí mi trabajo de masajista cuando me reemplazaron por asiáticos que los traen ilegalmente y los explotan... Por eso apoyo a [Donald] Trump y el muro”, asegura Johnny Benítez, organizador de una marcha en Laguna Beach contra la inmigración indocumentada.

¿Podemos entender a los manifestantes ultraderechistas?

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Especial para Excelsior

Una manera eficaz de entender la injusticia, la desigualdad y la intolerancia, es poniéndonos en los zapatos de los que la sufren. 

El mensaje de la protesta contra la migración indocumentada de este pasado domingo en Laguna Beach, encabezada por el hispano Johnny Benítez, parecía ser motivada por una preocupación de raíces profundas: Una lucha por terminar con la migración forzada y el tráfico humano.  

Al menos así me lo planteó al principio.

“No soy racista ni neo-nazi, debe haber un mayor control entre los que cruzan esa frontera. Perdí mi trabajo de masajista cuando me reemplazaron por asiáticos que los traen ilegalmente y los explotan... Por eso apoyo a [Donald] Trump y el muro”.

Benítez es colombiano y tiene 29 años. Es activista del movimiento ultraderechista conocidos como “Alt-Right” en donde se promueve políticas antiinmigrantes.  

En la protesta denominada “America First” en Laguna Beach fue apoyado por alrededor de 30 personas.

Dentro de ese grupo dos jóvenes de 18 años visiblemente emocionados y con la adrenalina al tope, pedían sacar del país a los indocumentados. El primero, Chris, tiene descendencia mexicana y el segundo, Noa, haitiana. Ninguno dio su apellido.

“Mi mamá vino de Haití legalmente con visa de estudiante. Ella tardó 15 años en legalizarse. La gente que brinca la barda o cruza por el río debe ser detenida ya [que] son criminales al romper la ley de esa manera”, asegura.

Noa y Chris exigían tolerancia a sus ideales de libertad de expresión y respeto a sus derechos, sin embargo, esa tolerancia no abarca a “quienes cruzan ilegalmente”, pues “ no merecen ser tratados con el mismo respeto que otros porque no tienen derechos”.

Al  otro lado de la calle, cientos de jóvenes latinos y afroamericanos que no gozaron del privilegio de que sus padres vinieran legalmente y que a Noa y Chris les da aires de superioridad, pedían detener el racismo y la violencia hacia las minorías.

Incluso eran acompañados por anglosajones con pancartas de apoyo que rezaban que los “inmigrantes son bienvenidos a mi país, fuera el muro”.

¿Compasión?

Al preguntarle a Benítez su sentir por la muerte de Heather Heyer, la joven que fue brutalmente arrollada por un auto durante la protesta de supremacistas blancos en Charlottesville, nunca imaginé lo siguiente que escucharía.

“El conductor no podía pasar, lo estaban atacando. Tiene derecho a quitarse a la gente de encima. Era la vida de el -el conductor responsable- o la de ella”.

Una declaración cruel, cargada de odio y mucha ignorancia.

“¿Crees que alguien tiene derecho a atropellar a la gente porque está bloqueando el paso?”,  pregunté.

“¡Lo estaban provocando! ¡Solo hizo lo que tenía que hacer!”.

“¿Y si esa chica hubiera sido tu hermana?”, insistí. 

“Me dolería pero si actúa mal [esas] son las consecuencias”, respondió.

De Benítez podríamos entender su desconfianza al no saber de dónde viene su vecino, el mesero que lo atiende o el nuevo empleado que ensambla las camas de masajes que Benítez utilizaba en su trabajo.

Eso es entendible y se arregla con dialogo e información.

Lo que no se puede entender es que alguien incentive la violencia aprovechando tener una voz y cobertura, que desafortunadamente los indocumentados no tienen.


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Last Update: 2013-12-12 12:20:18