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, ROSE PALMISANO/ESPECIAL PARA EXCÉLSIOR
Fernando Rojas, alumno en la Preparatoria Fullerton Union, fue aceptado en ocho de las universidades más prestigiosas del país. Él decidió que Yale es la mejor universidad para él.

EDUCACION: Hijo de padres inmigrantes aceptado a las 8 universidades más prestigiosas de EEUU; irá a Yale

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FULLERTON – Fernando Rojas fue uno de seis estudiantes en el país que lograron ser aceptados por cada una de las ocho principales universidades de Estados Unidos.

El jueves, 28 de mayo, el joven de la Preparatoria Fullerton Union, en la ciudad de Fullerton, obtuvo su diploma, y con él, la llave a un futuro extraordinario.

Un día antes de la graduación, el padre de Fernando, Raúl Rojas decía: “Anda bien emocionado el chamaco”.

Los Rojas están felices y celebran en grande el hecho de que el más pequeño de la casa, un muchacho que en algún momento fue tímido e introvertido, está a pocos meses de cambiar su vida como estudiante de la prestigiada Universidad Yale, en New Haven, Conn. En Yale estudiará en la escuela de Relaciones Internaciones, para posteriormente estudiar derecho.

Al escoger a Yale como su casa de estudio, Fernando se suma a los 1,963 estudiantes que fueron aceptados – de los más de 30,200 solicitantes – para la clase que graduará en el 2019, indicó un reportaje de Business Insider.

El joven quiere estudiar derecho para ver qué se puede aportar a las relaciones entre las distintas naciones. “Quiero descubrir qué falta, ¿por qué no hay una buena relación entre los países?”

Fernando dijo que este año fue uno de seis estudiantes en todo el país que fue aceptado en las ocho universidades más prestigiosas, conocidas como “Ivy League Schools” en los Estados Unidos: Brown University, Dartmouth College, Columbia, Cornell, Universidad de Pensilvania, Princeton, Yale, y Harvard.

Y por si fuera poco, también fue aceptado en Stanford, la Universidad de California, Irvine, y en la Universidad de California, Fullerton.

Este joven – que siempre se rehusó a practicar algún deporte – es campeón nacional de oratoria. Dice que vive para su familia, sus estudios y para su pasión: la literatura en español.

Sus padres, Raúl de 59, y María de 56 años de edad, llegaron a Estados Unidos en 1980 y 1983, respectivamente, de Jalisco y desde hace casi 30 años radican en la ciudad de Fullerton. María trabaja de 7 a.m a 3:30 p.m. en una fábrica en donde hacen cortinas para hospitales y en donde tiene más de 26 años laborando. Raúl trabaja en una fábrica de cartonería.

“Por eso he durado mucho tiempo en este trabajo, porque me daban permiso de salir a hacer las cosas de los niños. Yo inscribía a mis hijos en donde me decían que era mejor para ellos”, recuerda María, mientras mezclaba la carne molina con arroz y otros ingredientes para un caldo de albóndigas, la cena de la familia de esa noche.

Mientras María sigue cocinando, a la casa entran y salen sus cuatro hijos. El tercero, Eduardo, de 21 años, acaba de graduarse como licenciado en computación de la Universidad Estatal de California, Fullerton. Minutos más tarde llega Sonia, la única hija, de 25 años, quien asegura estar orgullosa de sus hermanos. Sonia tiene un bachillerato en español y tiene planes de pronto regresar a la universidad para una maestría. También llega el mayor, Saúl, tiene 28 años, y trabaja en una compañía de informática. Saúl dice que como Sonia, siente el mismo orgullo.

Y Raúl, el papá, está que no cabe de gusto.

“Siempre han sido muy buenos muchachos, nunca han sido exigentes con cosas de marca ni carros. Se han dedicado al estudio”, dijo el padre sobre sus cuatro hijos. “El otro día llegué al trabajo y me felicitaron, lo escucharon en la televisión o en el radio, sentí muy bonito”.

Y al final de la tarde llega Fernando con una caja grande y pesada en las manos. Trae todas las coloridas carpetas con las cartas de aceptación de las universidades Ivy League. Además viene cargado de libros de poesía en español, ha comenzado a recoger sus pertenencias de la que fue su preparatoria durante cuatro años.

Fernando entra rápidamente a la casa, sabe que está en su hogar, huele a comida preparada por mamá y busca un lugar en dónde acomodar todo lo que trae; y es que en los últimos días la casa está llena de diplomas, certificados y trofeos de reconocimiento. Fernando se los ha ganado a pulso.

“Hay que acomodar todo para ponerle todas sus cosas y trofeos en un lugar”, dijo la mamá con una orgullosa pero ante todo una cálida sonrisa.

Fernando, saluda, sonríe, acomoda la caja, saca los folders y con un aire aún de niño, se sienta a platicar.

“En mis primeros meses de preparatoria era un poco tímido, pero después me involucré con el equipo de oratoria y debate y se me fue quitando poco a poco. En el tercer año, me dieron un evento de poesía, y eso me gustó muchísimo”, dijo Fernando, recordando que el tema era sobre una inmigrante, trabajadora de limpieza. “Esto fue algo que me cambió la visión que tenía sobre las cosas, me gustó muchísimo. Me abrió los ojos a un aspecto de mi vida en el que antes no pensaba”.

Fernando se dio cuenta de su gusto por el debate desde que estaba en octavo grado. “También me atrajo mucho darme cuenta que el equipo viajaba por todos lados, eso me gustó. Podía recorrer el país y conocer más gente de esta forma”, dijo el joven, sentado en el comedor de su casa.

Mientras él sigue platicando sobre el camino que lo llevó hasta este momento, su madre, María, le va pasando los libros de poesía; Fernando comienza a relajarse y a contar sobre su gusto por la música, por la prosa y por la poesía, por el amor infinito que le tiene a su familia, a sus tíos, tías y primos.

Antes de que llegara Fernando a la casa, María relataba, “era muy tímido, y es despistado, pero siempre está en todo. Cuando lo vi participando la primera vez en oratoria me sorprendió muchísimo, y dije ‘ay caramba, ¿qué pasó?’. No sabía exactamente qué iba a hacer. Fernando se transforma, y cuando está con gente grande se desenvuelve tan bien, puede platicar con quien él quiere y eso le gusta mucho”.

Sal Tinajero, miembro del Concejo de Santa Ana, maestro, fundador y coordinador del club de debate en la Preparatoria Fullerton Union, es una de las personas importantes y claves en la vida de Fernando.

“Al principio era muy tímido pero tenía todo el talento. Ya en el grado 11 comenzó a avanzar, se enfocó más y aunque es el año más difícil de high school, sabíamos que lo podía hacer”, dijo orgulloso Tinajero, quien en 2001 inició el club.

Así fue como en junio del 2014 el estudiante se trajo el primer lugar nacional de oratoria y debate para la Preparatoria Fullerton Union.

“De pronto nos dimos cuenta que Fernando llevaba ganadas cuatro etapas del concurso, entre por los menos 3,000 estudiantes. Trabajamos con él y se trajo el nacional”, relata con alegría Tinajero. La competencia fue entre escuelas privadas y públicas.

“Es un muchacho muy inteligente y aunque a veces se frustraba, yo le decía que no era el único en pasar por una situación de estrés, que él podía hacerlo, y al mismo tiempo en la oratoria el saca todo lo que tiene dentro”, dijo Tinajero.

El maestro explica que por distintas razones cuando los niños comienzan su educación con el inglés como su segundo idioma, llegan con un vocabulario restringido a la escuela. Esto tiende a depender del nivel de estudios que hay en casa, por eso es importante alentarlos a estudiar y a participar en grupos como este de oratoria y debate, que les ayuda a incrementar su nivel de vocabulario.

“A mí me pasó. Yo estaba en el colegio cuando un maestro me decía que me inscribiera en el club de oratoria y debate. Al final lo hice y eso me ayudó muchísimo”, dijo Tinajero. “Estoy muy orgulloso y contento de los logros de Fernando”.

También dijo que en clubs como este, los niños no sólo incrementan su vocabulario participando, sino también escuchando.

Otro consejo de este experimentado maestro es que desde pequeños los estudiantes mantengan una rutina diaria de estudio, y que el ambiente sea el propicio para eso. De esta manera estarán enfocados en una sola cosa y todos se involucran en la educación.

La literatura hispana, un parte aguas en su corta vida

Fue este año cuando Fernando se encontró con los grandes de la literatura hispana y quedó prendido de ellos.

Y aunque parezca que no, esto que ahora le abre las puertas en las mejores universidades en algún momento no era del todo de su agrado. “Era apático al español, pero gracias a esta clase le fue gustando más y más”, cuenta María. “Me decía, mamá, ¿por qué no habla en inglés?”

“Tomé una clase avanzada (AP) de literatura en español y primero descubrí a los españoles, Garcilazo De La Vega; después a Neruda, Borges, Machado, García Márquez, Guillén, Rulfo, Cortázar. Comienza a hablar de esto y le brillan los ojos, comienza a expresarse casi sin decir palabra. “Me gustaron mucho porque los poetas y escritores en español dicen las cosas que he escuchado de mis padres por muchos años, son ideas y moralejas que he escuchado desde muy chico”, tales como la importancia de la familia, explica el joven de sonrisa amplia, tez morena y gran estatura.

Para solicitar su inscripción en alguno de los colegios, Fernando tuvo que presentar un ensayo y una entrevista, ahí le hablaba a los representantes de las universidades sobre su pasión por las letras.

“Cuando estaba escribiendo mis solicitudes a los colegios, y me preguntaban cuál es la clase que más te gusta, yo les decía que todas, pero les explicaba que era la clase de literatura hispana la que cambió mi forma de ver la vida. Todos hablan de Dickens y Shakespeare y mucha gente no sabe que mucha de esta literatura tiene sus raíces en las letras en español”.

Fernando tiene que estar el 28 de agosto en Yale.

¿Y cómo la eligió? Fue después de una visita en la que sintió que tenían un verdadero sentido de comunidad y unidad. “No quiero reemplazar a mi familia, pero sí sustituir un poco ese sentimiento de tener una familia cerca, en un lugar en donde voy a pasar al menos cuatro años”.

Otro factor que influyó para que Fernando no se quedara en California, es que las colegiaturas son más altas y van en aumento.

“Sé que mis padres habrían hecho el sacrificio, pero yo no quería eso”, dice Fernando.

Hace apenas unos días también Fernando participó en otro concurso de oratoria en el estado de Florida, ahí obtuvo el tercer lugar entre por los menos 1,500 estudiantes.

En unas semanas estará viajando a Texas para participar nuevamente en el nacional de oratoria del que fue campeón en el 2014.

¿Qué motivó a este joven y a sus hermanos a estudiar? Lo que miraron en su casa.

“Como dijo mi hermano el otro día, lo que nos motiva y nos hace progresar es ver y apreciar el trabajo que han hecho nuestros padres de estar trabajando y despertarse en la mañana para salir a trabar. La única forma de retribuirlo es estudiar y tener éxito”, dijo Fernando. “Es la única forma de enseñarle a tus padres que lo que ellos están haciendo por tí vale la pena, y echarle ganas”.

Datos interesantes sobre Fernando Rojas

Entre sus libros favoritos: “Cien años de soledad”.

Poesía: le gusta leer y escuchar poesía por YouTube todas las veces que puede.

Música: le gusta todo tipo de música. “Estoy cantando todo el tiempo cuando hago mi tarea, siempre”, dijo.

Comida favorita: “Toda la que hace mi mamá”.

Tutor: Sal Tinajero.

Colegiatura en Yale: $64,000 anuales.

Contribución de los padres de Fernando: $6,000 anuales.

Sentimientos: “Voy a extrañar mucho las reuniones familiares”.

Consejo de los padres: “Alentar a los hijos a ser serviciales, a trabajar en comunidad y mantenerse siempre cerca de los hijos; involucrarnos en la religión, cualquiera que sea que se profese en casa. Y aplicar el siguiente dicho: ‘El consejo ayuda, pero el ejemplo arrastra’”.


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