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KURT MILLER, THE PRESS-ENTERPRISE
Liliana Ibarra con su hijo de 4 años de edad, Jesús Aguilar, en su casa en Ontario.

REGION: Empleada con hijo autista demanda al Centro Regional Inland

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JANET ZIMMERMAN/ THE PRESS-ENTERPRISE
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Declaró que el organismo se vengó de ella cuando buscó ayuda para su hijo.

Una mujer que coordina los servicios para personas con discapacidades de desarrollo está demandando a su empleador, el Centro Regional Inland, declarando que el organismo se vengó de ella cuando estaba buscando terapia física y otro tipo de ayuda para su hijo de 4 años de edad, quien sufre de autismo y es paciente del centro.

Liliana Ibarra, de 38 años de edad, es una consejera y asesora para niños en edad escolar que tienen parálisis cerebral, epilepsia, autismo y retardo mental en el centro ubicado en San Bernardino. Pero Ibarra dice que cuando ella trató de buscar ayuda para su hijo, Jesús Aguilar, la reportaron, le descontaron tres días de su paga y la amenazaron con dar su contrato por terminado. Ella está tratando de que se reconozcan daños no especificados en su demanda que presentó hace tres meses en la Corte Superior en San Bernardino.

“Yo consigo ayuda para mis clientes – ¿como pueden pedirme que no busque ayuda para mi hijo?”, dijo Ibarra. “Yo camino en la cuerda floja todos los días, al no saber si voy a tener un empleo o no al día siguiente”.

El Centro Regional Inland es un organismo sin fines de lucro que ofrece servicio a más de 26,000 personas en los condados de San Bernardino y Riverside. El centro se identifica con servicios que cada cliente necesita y hace contratos con terceros para proveer terapia del habla y ocupacional, servicios de empleo y otro tipo de ayuda.

Al organismo se le otorga un reembolso por parte del Departamento de Servicios de Desarrollo del estado - casi 247 millones de dólares en el año fiscal.

La directora ejecutiva del centro, Carol Fitzgibbons, dijo que ella tiene prohibido discutir el litigio pendiente. “Todos estamos trabajando juntos para hacer lo mejor que podemos”, dijo Fitzgibbons, quien asumió el cargo de directora de al organismo en mayo del 2010.

El eco de las quejas persistentes de Ibarra preocupa a las familias de algunos de los clientes del centro, que han emitido quejas del servicio en forma rutinaria lo cual los ha llevado a contratar abogados y hacer demandas para lograr que se cumpla con sus exigencias. Las familias con menos dinero y con menos ánimo a menudo no tienen la fuerza para atravesar las barreras burocráticas, señalan ellos.

Se Ordenan Mejoras

Los auditores del estado descubrieron que en 2010 el Regional Inland tenía una cultura de intimidar a los empleados. La Oficina de Auditoria del Estado también concluyó que el centro había violado parte de su contrato con el estado. La oficina cuestionó la forma en que el centro fija sus tasas como proveedor de servicios, maneja la propiedad y gerencia su programa de viviendas.

En enero de 2011, el estado colocó el Regional Inland bajo observación y ordenó que se hicieran mejoras, incluyendo medidas remediales para lograr promover un ambiente de trabajo que excluya el temor a la retaliación por hablar.

Se han hecho cambios desde ese momento, incluyendo las revisiones recomendadas por el estado en cuanto a la política de alarma del organismo en lo referente al aumento de la disponibilidad para los empleados que deseen informar acerca de los problemas existentes; las reuniones con la comunidad; y el entrenamiento a los empleados para mejorar el respeto y la comunicación, de acuerdo con las actas de las reuniones de la junta directiva del Regional Inland.

Pero los empleados dicen que las condiciones laborales y la moral han empeorado. Fitzgibbons dijo que se han implementado nuevos programas para mejorar el funcionamiento, aunque pasara algún tiempo antes de que se vean los resultados en un organismo tan grande.

Ella citó las medidas para facilitar la solución de las grandes cargas de casos y la mejora en el servicio a los clientes al devolver las llamadas telefónicas en las siguientes 72 horas.

“La junta y toda la gerencia esta muy comprometida con lo referente a las preocupaciones que tienen los empleados… Es nuestro trabajo apoyarlos, asegurarnos de que están trabajando en un ambiente positivo”, dijo Fitzgibbons.

Algunos empleados anteriores han demandado a Regional Inland en los pasados dos años, alegando finalización de contrato equivocada y fallas en el pago del sobretiempo de acuerdo con lo exigido por la ley.

La demanda de Ibarra contra Regional Inland tiene que ver con la suspensión de los servicios de terapia física de su hijo en enero del 2010. Ella inmediatamente llenó una solicitud para que le dieran los servicios de nuevo. Bajo las regulaciones del estado, los servicios se reinician automáticamente mientras la apelación esta en trámite, dijo su abogado, Ed Wilson.

“Debido a que ella trabaja en el sistema, ella sabe lo que puede obtener y ellos le están negando a ella los servicios en formas irrazonables”, agrego.

“Uno se puede imaginar que tipo de problemas tiene que enfrentar alguien que esté fuera del área de trabajo, que no tenga este tipo de información”, dijo.

Conflicto de Intereses

Ibarra dijo que a ella le dijeron en forma repetida que la terapia física para su hijo ya había sido autorizada. Cuatro meses después, ella entró al archivo de su hijo en la computadora de su trabajo y se dio cuenta de que nunca se había hecho la solicitud de servicios para su hijo, dijo ella. Ibarra le dio la alerta a un supervisor.

Días después, el 13 de mayo de 2010, le dijeron a Ibarra que ella había violado la política de conflicto de intereses del organismo. Le dijeron que nunca más usara las computadoras del trabajo para buscar información acerca de su hijo o que seria despedida, dijo ella.

Ibarra es una madre soltera que mantiene a su hijo, Jesús, y a sus dos otros hijos, con edades de 16 y 22 años, quienes viven con ella en Ontario. Ella ha trabajado como coordinadora de servicios al cliente en el Regional Inland durante 10 años.

En un día libre que tuvo recientemente, ella vio como Jesús armaba rompecabezas de madera en su modesta casa. El es un niño incesantemente activo, con cabello corto y oscuro y grandes ojos color café que él mantiene cerrados al ver que llegan visitantes. Ibarra dijo que ella ya no sale a lugares públicos con Jesús porque el huye corriendo. Una vez fue hasta un restaurante y puso su mano en la comida de un hombre que estaba cenando ahí.

“¡Mama! Mama!” dice Jesús continuamente, apuntando a los zapatos y los zarcillos de su madre y agarrando yogurt de la nevera. Él habla con oraciones de una o dos palabras y aun no tiene entrenamiento para ir al baño.

“Estoy muy agradecida por el progreso que ha logrado, pero en realidad, creo que el siempre tendrá que vivir bajo la supervisión de un adulto”, dijo Ibarra.


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