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STEPHEN GEORGES/ESPECIAL PARA LA REGISTER
Feligreses se acercan a tocar la estatua de Santo Toribio Romo, el santo de los inmigrantes, después de una Misa en la Catedral Nuestra Señora de los Ángeles el domingo, 20 de julio 2014.

RELIGION: Catedral de Los Ángeles celebra misa de apoyo para menores indocumentados

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LOS ANGELES REGISTER

Jersey Vargas, de 10 años y residente de Panorama City, recuerda como oraba por las noches para que su padre indocumentado fuera liberado de un centro de detención en Luisiana.

Mario Vargas había ido allá a trabajar cuando fue puesto bajo custodia y fichado para ser deportado. Jersey, su madre y un grupo de feligreses locales llevaron su petición a la Casa Blanca y eventualmente al Vaticano, donde la niña le pidió al mismo Papa por su ayuda.

El domingo, 20 de julio, el padre de Jersey estaba a su lado mientras ella contaba su historia a más de 5,000 personas en una misa en honor de los inmigrantes y sus necesidades apremiantes. Los muros de la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles hicieron eco mientras sacerdotes representando a parroquias de los condados de Los Ángeles, Orange y San Bernardino les pedían a sus seguidores que hicieran lo que hizo Dios y Santo Toribio Romo - el patrono de los inmigrantes - y ayudaran a los necesitados.

“Estoy muy agradecida con Dios y con la gente que me ayudó a orar”, dijo Jersey. “Les pido que oren conmigo ahora por los niños inmigrantes que han llegado a este país”.

Los niños migrantes indocumentados que están llegando a este país necesitan ahora desesperadamente de ayuda, dijo el arzobispo José Gómez, de Los Ángeles. Durante la ceremonia, cantos y oraciones le pidieron a Santo Toribio Romo que protegiera a esos niños y también hicieron un llamado a los gobernantes a que hagan a un lado la política.

“Ahora tenemos niños y no puedo imaginar lo triste y desesperados que sus padres deben estar para tomar la decisión de enviarlos aquí”, dijo Gómez. “Esto no se trata de política”.

La misa del domingo marcó la última parte de la gira de la estatua de madera de cuatro pies de Santo Toribio Romo que ha visitado a iglesias católicas en el sur de California. La estatua, la cual contiene una pieza de un hueso de Santo Toribio Romo, fue llevada a la catedral seguida de una procesión de más de 500 feligreses, todos tratando de ver y rezarle al mártir.

En años recientes, él se ha convertido en el santo patrón de los inmigrantes, luego que muchos dicen haber sido ayudados de alguna forma por un hombre misterioso que se asemeja a Santo Toribio Romo, mientras trataban de cruzar ilegalmente hacia los Estados Unidos.

“Oramos para que ellos (los políticos) tengan la misma hospitalidad que tuvo Santo Toribio”, dijo Gómez. “En los Estados Unidos, nuestros corazones y manos siempre le han dado la bienvenida a refugiados e inmigrantes, pero parece que ya no les damos la bienvenida”.

Los inmigrantes tomaron turnos en el altar contando sus historias de lucha y recordando como la fe les dio la fuerza a pesar de las dificultades.

Dunia Cruz, de 22 años y residente de Highland, con su hijo inquieto de nueve meses en los brazos, se acercó nerviosa al podio. Ella escapó de los carteles de la droga que plagan a Honduras.

“Vine desde mi país tratando de escapar del crimen”, dijo Cruz con voz entrecortada. “Cuando llegué aquí me trataron como criminal, pero los grupos de la iglesia me ayudaron, y gracias a Dios todavía estoy aquí”.

Cruz dijo que su caso legal está pendiente y que gracias a la ayuda de organizaciones religiosas en San Bernardino contará con apoyo cuando se reúna con agentes de inmigración.

La ceremonia de tres condados incluyó testimonios de diferentes organizaciones y grupos que proveen servicios a inmigrantes que buscan caminos a la residencia legal en el país.

Hilda Cruz es coordinadora de Justicia para los Inmigrantes en la Diócesis de San Bernardino. Ella acompañó a un pequeño grupo de mujeres inmigrantes con niños a la misa y dijo que el deber de la Iglesia era acoger a los más necesitados.

“Como gente de fe, somos llamados y tenemos la obligación conferida por el evangelio de hacer algo”, dijo Cruz. “No podemos ignorar a los más débiles entre nosotros. Eso es humanidad”.

Cuando terminó el servicio religioso, las bancas se vaciaron rápidamente y la multitud se acercó a la estatua de Santo Toribio Romo, apilada en lo alto de una plataforma. Algunos gritaban pidiendo ayuda. Otros lo hacían calmadamente y algunos le dieron gracias.

Nohemí Gutiérrez, de 20 años y residente de Anaheim, se sentó en primera fila cerca del altar junto con obispos de todas las nacionalidades. Ella esperó su turno pacientemente para agradecerle a la reliquia.

Ella y su familia, quienes son originarios de México, se involucraron más con la iglesia después de llegar sin documentos a los Estados Unidos hace nueve años. Ella fue elegible para el programa de Acción Diferida y obtuvo un permiso de trabajo, pero aún así, la situación de sus padres no ha cambiado.

“Hay un punto en la vida cuando no hay respuesta de las personas en los puestos de poder y de los que están a cargo”, dijo. “Pero si la fe está aún allí, la esperanza sigue con vida. Estamos dispuestos a trabajar y a orar por nuestros sueños”.


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