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ALEJANDRO CANO/ESPECIAL PARA UNIDOS
Gaby Peña, 16, donó una bolsa de su propia ropa, para los refugiados que han llegado a la Iglesia San José en Fontana, el jueves, 10 de julio 2014.

MIGRANTES: Familias Centroamericanas llegan a Fontana

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ESPECIAL PARA UNIDOS

FONTANA – Unos 50 refugiados de Centro América llegaron la mañana del jueves, 10 de julio a la iglesia católica San José en Fontana.

Venían de un centro de detención del Condado de San Diego, y en Fontana estaban recibiendo asistencia de Caridades Católicas, un programa de la Diócesis de San Bernardino.

De acuerdo a John Andrews, vocero diocesano, las familias llegaron en buen estado y recibirán asistencia básica tal como techo, alimentos, medicina, y transportación por un periodo máximo de 72 horas.

Las personas que llegaron son primordialmente mujeres y niños y se les ayudará a hacer una conexión con sus familiares en Estados Unidos, dentro de 24 horas, dijo Andrews.

“La mayoría tiene familia en Estados Unidos, algunos tienen una mamá que es residente permanente o un papá que es ciudadano. Serán transportados a una estación camionera para ser reunificados”, dijo Andrews.

Deportaciones hasta Honduras

La Casa Blanca confió miercoles, 16 de julio, en que la llegada este lunes a Honduras de un primer vuelo con cuarenta adultos acompañados de menores que habían cruzado sin documentos la frontera envíe una "clara señal" a potenciales migrantes de que este país "no los recibirá con los brazos abiertos".

El Departamento de Seguridad Nacional afirmaron que el primer vuelo representa "la fase inicial del proceso de deportaciones" de los indocumentados que han ingresado en los últimos meses procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador; e indicaron que habrá más repatriaciones en las próximas semanas.

En total, la autoridades han deportado a unos 87,000 centroamericanos entre septiembre de 2013 y este mes, según la Casa Blanca, pero el vuelo del lunes marca el inicio de una oleada de repatriaciones aceleradas de las familias que han llegado en los últimos meses y que han generado una crisis humanitaria en la frontera.

La ley estadounidense impide deportar de inmediato a los niños centroamericanos que cruzan solos la frontera y sean interceptados por la Patrulla Fronteriza, que está obligada a dejarlos en custodia del Departamento de Salud para dar inicio a un largo proceso de deportación, que puede durar meses o incluso años.

Grupos en defensa de los inmigrantes celebraron el miércoles en diferentes ciudades de California vigilias de apoyo a los menores centroamericanos llegados a Estados Unidos, mientras continúan en Murrieta las protestas para bloquear la entrada de autobuses con más inmigrantes.

Los Angeles ofrece refugio

El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, aseguró este martes que la ciudad ofrecerá refugio a los menores no acompañados detenidos tras cruzar la frontera y mantiene conversaciones con una agencia federal para poner su plan en marcha.

"Antes de ponerse partidista, antes de que alguien me diga cuál es su posición sobre inmigración, antes de nada estos son niños", afirmó Garcetti en un foro en Los Ángeles auspiciado por la revista Político.

"Quiénes somos si como estadounidenses no damos un paso adelante y decimos ofrezcámosles a estos niños que están aislados, solos, un sitio seguro", afirmó Garcetti.

Indicó que el Departamento de Salud y Servicios Humanos ha contactado a la alcaldía pero no reveló detalles sobre qué tipo de refugio se ofrecería a los niños o cuándo se pondría en marcha.

Garcetti considera que la ciudad también es un lugar apropiado para la reunificación de los menores con sus familias a la espera de que se resuelva su situación legal dado que muchos de los padres residen en el área de Los Ángeles.

Protestas continuan en Murrieta

Con la consigna "protejan a los menores indocumentados", decenas de manifestantes se concentraron la noche del miércoles en ciudades como Los Ángeles, San Diego y San José, donde exigieron a la Administración Obama que los niños centroamericanos detenidos en la frontera puedan solicitar el estatus de refugiados.

Sin embargo, en Murrieta, colectivos contra la inmigración mantienen sus protestas después de una semana y contestaron hoy con desafíos y gritos de "regresen a su pais" a las personas que se manifestaron de forma pacifica frente al ayuntamiento y las instalaciones de la patrulla fronteriza.

Robin Hvidston, portavoz del grupo "We the People", aseguró que las muestras de rechazo a los inmigrantes han sido un éxito y han inspirado a personas de ideas afines en todo el país.

"Nos están llamado y han dicho que quieren unirse, e incluso viajar hasta aquí en futuras protestas, y los estamos reclutando", advirtió la mujer, que comandaba un grupo antiinmigrantes que se plantó frente a las instalaciones de la patrulla fronteriza de Murrieta, donde se realizó una de las vigilias.

Para acelerar el proceso, el Departamento de Justicia anunció la semana pasada que contrataría a nuevos jueces y reasignaría a otros magistrados a las cortes de inmigración para procesar los casos en los que estén involucrados inmigrantes que llegaron recientemente.

Dianca de El Salvador

Entre los refugiados del jueves, 10 de julio estaban Dianca, una joven de 16 años, nativa de El Salvador y quien llegó junto con su madre. La joven penosa brevemente habló para dar las gracias y decire que se encontraban bien.

“Mi nombre es Dianca, soy de El Salvador y estoy aquí con mi familia. La iglesia nos dio la bienvenida. Estamos aquí y estamos bien”, dijo la chica en inglés.

Una hora más tarde, la joven y su madre salieron del convento en auto, conducido por un voluntario. No se le dijo a los medios de comunicación a donde se dirigían.

Petra Alexander, directora de Asuntos Hispanos para la Diócesis, dijo que la mayoría de los refugiados llegaron del área de San Diego y que estaban cansados, con hambre, y en gran necesidad de ser reunificados con sus seres queridos.

No se le permitió a los medios entrar al convento antiguo de la iglesia, donde un gran grupo de voluntarios les daban asistencia, sin embargo, Alexander describió la escena como una crisis humanitaria.

“La diferencia con esta crisis, al igual que otras como incendios o terremotos, es que las agencias federales no pueden proveer asistencia. Aquí es la comunidad la que está respondiendo, proveyendo necesidades básicas”, dijo Alexander. “Muchos de ellos van para Nueva York, Nueva Jersey, y otros estados lejanos. Ahorita estamos esperando que sus familiares les envíen dinero, y si no pueden, nosotros les daremos dinero para un boleto de autobús”.

Bárbara Chávez, miembro de la junta educativa del Distrito Escolar Unificado de Fontana, dijo que el Departamento de Policía donó siete asientos de carro para niños, en caso de que se necesitara transportar a alguien por medio de carretera. Pero lo que la iglesia desesperadamente necesita, son camas.

Chávez actualmente está buscando ayuda de la Cámara de Comercio de Fontana, de organizaciones y clubes locales, para poder comprar colchones inflables o bolsas de dormir.

Por su parte, la alcaldesa de Fontana declaró que ha recibido llamadas de personas antiinmigrantes, amenazando con protestar afuera de la iglesia. Warren dijo que la iglesia está bajo su propia juridicción, sin embargo, indicó que puso esas amenazas en el radar de los agentes de Policía de Fontana.

Mientras tanto, las personas de la comunidad llegaban a dar su ayuda. Entre ellas estaban Gaby Peña, 16, y su amiga Amber Muñoz, 18, ambas residentes de Rialto. Fueron a dejar bolsas de su propia ropa.

“Yo tengo demasiado y ellos no tienen nada, y hoy estamos para ellos”, dijo Muñoz. “Mi familia es de México y ellos pasaron una situación similar”.

La comunidad ayudó a lo máximo, pero para el lunes, 14 de julio, la Diócesis de San Bernardino convocó un cese temporal de donaciones en vista de que no están programados para recibir a más familias centroamericanas tal y como lo hicieron la semana pasada en la ciudad de Fontana.

Según John Andrews, portavoz diocesano, de cambiar la situación “se revelaría una lista de necesidades básicas y los lugares que actuarían como centros de acopio”.

La iglesia Santa Catherina de Siena en la ciudad de Rialto, fungió como centro de acopio, hasta donde llegaron bolsas de ropa para todas las edades, decenas de kilos de comida no perecedera, y una gran cantidad artículos de higiene personal, entre otros.

Al mismo tiempo, la diócesis abrió una cuenta de banco para los gastos de boletos de camión o tren de las familias con el fin de reunificarse con sus parientes en estados como Nueva York, Nueva Jersey, e Illinois, entre otros.

En total la iglesia San José en Fontana recibió a 46 refugiados de Centro América, la mayoría menores de edad. Para el viernes, 11 de julio por la noche, la iglesia ya había trasladado a todas las familias a sus destinos finales, dijo Andrews.


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