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(Bruce Chambers/The Register)
Alfonso Gómez Sr., (izq.), comparte un momento feliz con su hijo, Alfonso Frank Gómez Jr., sobre la posibilidad de que pueda salir libre después de haber sido condenado en 1996 por un asesinato.

Exoneran a ex pandillero por asesinato en 1996

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Reportero de Excélsior

Dos sobrevivientes de un tiroteo coche a coche entre dos pandillas en mayo de 1996, eligieron a Alfonso Frank Gómez como uno de los tiradores por una serie de fotos.

Gómez ha estado encarcelado desde entonces, cumpliendo una condena de 41 años a cadena perpetua por asesinato y otros delitos relacionados a dos encuentros de otras pandillas en 1996. No estaba previsto analizar la posibilidad de su libertad condicional en décadas.

Pero el viernes, el juez de la Corte Superior del Condado de Orange desestimó el caso de asesinato, después de que un abogado de la defensa presentó un recurso alegando que la evidencia recientemente descubierta, la cual fue proporcionada por la Oficina del Fiscal del Distrito, contradice la identificación proporcionada por los dos sobrevivientes del tiroteo.

“Él no lo hizo”, insistió la abogada de oficio Erica Gambale.

El vicefiscal de distrito, Larry Yellin, dijo que las nuevas pruebas descubiertas por los detectives de las policías de Santa Ana y Fullerton, durante una investigación por separado de casos archivados sobre diferentes homicidios relacionados con pandillas, arrojaron “serias dudas” sobre la veracidad del testimonio de los dos testigos sobrevivientes del tiroteo de aquella tarde-noche.

Sin el testimonio de testigos presenciales, dijo Yellin, los fiscales no pueden proceder con un nuevo juicio.

El juez de la Corte Superior, David Hoffer, desestimó entonces el caso del asesinato de la tarde del viernes por la petición de Gambale, y sentenció a Gómez por los dos casos de otras pandillas a una condena de nueve años y ocho meses en prisión a cadena perpetua, por lo que Gómez quedó elegible para libertad condicional inmediatamente.

“Eso es lo correcto de hacer”, dijo Hoffer.

Gómez, quien tenía 21 años cuando fue detenido en 1996, se secó los ojos con un pañuelo cuando fue desestimado el caso por asesinato. Alrededor de dos docenas de amigos y familiares, entre ellos su hermana mayor, quien ayudó a criarlo después de que su madre murió, y sus dos hijas, que crecieron visitando a su padre en prisión, tenían los ojos llorosos en la sala de la corte.

“Estoy agradecido infinitamente”, dijo Gómez, de 38 años de edad. “Nunca perdí la esperanza....Tengo que estar enfocado ahora y ver lo que el mundo trae.... Yo sólo quiero estar con mi familia”.

Margaret Barajas, de 50 años, la hermana mayor que él llama mamá, lloraba mientras abrazaba a su hermano. “Siempre creí en él. Clamé a Dios que le ayudara, realmente lo hice”, dijo. “Siempre le dije a mi madre que yo protegería a sus hijos”.

Las dos hijas de Gómez, Alyssa, de 20 años, y Alexia, de 16, también lloraban mientras la batalla legal de su padre llegaba a su fin.

“Hemos estado esperando este día”, dijo Alyssa. “Él es un padre increíble”.

“Nosotras sabíamos en nuestros corazones que llegaría el día en que él volvería a casa”, dijo Alexia, quien tenía tres meses de edad cuando él fue arrestado. “Hemos sido bendecidas con tenerlo en nuestras vidas”.

Funcionarios de la Oficina del Fiscal de Distrito y el Departamento de Policía de Santa Ana estuvieron trabajando el viernes pasado, para ver si podían organizar una audiencia de libertad condicional inmediata para Gómez, quien habría sido elegible para liberación a principios de 2006 si no hubiera sido condenado por el caso de asesinato.

El 12 de mayo de 1996, el asesinato de Martha González fue uno de esos trágicos encuentros entre pandillas, que se inició con varios miembros de dos pandillas rivales amontonados en dos automóviles - un Honda Civic y un Nissan Maxima - en barrios separados, de acuerdo a la moción de Gambale, y revisiones de su expediente judicial de 1998 y los archivos del Register.

Como una jugada del destino, los dos coches empezaron a viajar de lado a lado hacia el este por la calle Primera en Santa Ana, y en ese momento los ocupantes notaron por primera vez a uno del otro. Los coches se encontraron en tres luces rojas consecutivas y en cada parada, se intensificó la tensión entre los dos grupos. En primer lugar, los ocupantes intercambiaron miradas, conocidas como “mad-dogging”, luego se lanzaron insultos y desafíos, y al final - entre las calles Primera y Ross – sacaron las pistolas.

El tirador o tiradores en el Maxima dispararon varias veces, pero todos los disparos golpearon en el marco de metal duro del Civic. Ninguno de los ocupantes resultó herido. Pero el tirador en el Civic fue más mortal.

Uno de sus disparos alcanzó a González, de 21 años, en la cabeza. Murió mientras sus amigos la llevaban al hospital. Otros dos pasajeros sufrieron heridas de bala, pero sobrevivieron.

Las víctimas admitieron que tenían vínculos con una pandilla de las calles de Santa Ana, dijo la Policía, y se informó que los ocupantes del Civic eran de una pandilla rival: Evil Kids (en español Niños del Demonio).

Los detectives de la Policía de Santa Ana reunieron todas las fotos disponibles del archivo policial sobre los miembros conocidos o asociados de Evil Kids, de acuerdo con la moción de Gambale. Una de las fotos era de Alfonso Gómez. Cuando los detectives mostraron el catálogo de fotos a los pasajeros sobrevivientes del Maxima, dos de las víctimas lo eligieron.

Gómez también fue acusado de robo a mano armada relacionado con las pandillas en Westminster, donde fue robada una camiseta de los Cowboys de Dallas; así como por un tiroteo en automóvil de pandillas en Orange, donde él era el conductor, cuando un rival recibió un disparo en el torso.

En noviembre de 1996, fue arrestado y acusado de los tres incidentes de pandillas. Él insistió en que él no estaba en el Honda Civic el 12 de mayo de 1996, según dijo la moción de Gambale.

Gómez fue juzgado en 1998, ante el juez de la Corte Superior del Condado de Orange Stuart Waldrip por 42 cargos de delitos graves, como el asesinato de González y los otros dos incidentes relacionados con pandillas. Después de que un jurado escuchó lo que parecía en aquella época un testimonio convincente de los dos testigos en el Maxima, Gómez fue declarado culpable de todos los cargos.

Waldrip sentenció a Gómez en diciembre de 1998, a una condena de 41 años a cadena perpetua en todos los cargos.

El cargo por asesinato arrojó la más dura condena: 25 años a toda la vida en prisión. Pero los otros cargos eran delitos graves y aumentaron la condena también. Waldrip agregó varios años de prisión para los demás cargos, incluyendo lo que se conoce como una sentencia “concurrente” de cadena perpetua en el caso del tiroteo del automóvil, lo que significa que Gómez cumpliría una condena al mismo tiempo que la cadena perpetua por el caso del asesinato.

Gómez ha estado bajo custodia durante 16 años desde su detención, 14 años desde su condena. Con dos cadenas perpetuas más otros años como parte de su condena, no habría sido elegible para libertad condicional hasta 2037, pero con el caso desestimado del asesinato, ha cumplido ya suficiente tiempo en prisión para ser elegible para su liberación inmediata.


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