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JORGE LUIS MACÍAS/ESPECIAL PARA EXCÉLSIOR
Los casos de depresión, ansiedad y problemas de salud mental se han incrementado sustancialmente entre inmigrantes indocumentados y de familias cuyo estatus migratorio es mixto, a causa del temor de solicitar servicios médicos en clínicas comunitarias del Sur de California.

No tengas miedo de buscar atención médica; Inmigración no va hospitales o clínicas

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Especial para Excélsior

Los casos de depresión, ansiedad y problemas de salud mental se han incrementado sustancialmente entre inmigrantes indocumentados y de familias cuyo estatus migratorio es mixto, a causa del temor de solicitar servicios médicos en clínicas comunitarias del Sur de California.

A pesar de que se llama por teléfono a la gente para que acudan a sus citas, las familias no lo están haciendo, afirman profesionales de la salud.

Esto, se une a otras preocupaciones como la de familias con hijos indocumentados que abandonen el Medi-Cal y o no los inscriben -pese a calificar- debido a la preocupación de que la información personal pueda ser utilizada para deportar a las familias.

Por ejemplo, en la Clínica Monseñor Romero de Los Ángeles, un promedio mensual de 500 personas han dejado de ir al médico argumentando miedo por una hipotética presencia de autoridades del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).

“También ha disminuido el número de personas que llegaban a nuestras clínicas sin tener cita”, reveló a Excélsior el doctor Samuel L. Pierce, director médico de Clínica Monseñor Romero. “Ese es el reporte más común de nuestros proveedores de servicios médicos que está afectando a las personas subrepresentadas y vulnerables”.

Pierce dijo que la reducción de pacientes ha sido más notoria en las clínicas de la calle Alvarado, en el área de Pico-Union, y en la clínica de la calle Marengo, en Boyle Heights, justo un día después de la elección de Trump, en noviembre pasado, y se ha agrado luego que el público se enteró de sus órdenes ejecutivas contra musulmanes la insistencia en construir un muro en la frontera con México.

“Muchos pacientes que venían con dolores de cabeza, mareo, náuseas no han retornado”, dijo el galeno. “Lo que vemos ahora es que, entre 40 y 45 personas se están quejando de ataques de ansiedad, depresión, tienen problemas para dormir o su salud mental ha sido afectada por causa del miedo extremo y nerviosismo de que Donald Trump deportaría a los [11 millones de] indocumentados, pero no están viniendo para atenderse de sus problemas de colesterol, diabetes o hipertensión”.

La situación ha empeorado

Betzabel Estudillo, gerente de políticas del Centro de Políticas para Inmigrantes de California (CIPC), con sede en Los Ángeles, declaró que, si bien se ha dado cobertura y acceso a la salud a inmigrantes elegibles e indocumentados para servicios básicos de la visión y vacunas, la situación ha empeorado.

“Los inmigrantes tienen miedo de solicitar servicios de salud”, dijo. “Lo primero que están preguntando ahora es que si la información que compartan será compartida con ICE, y así sopesan cuáles son sus opciones”.

Para calmar los ánimos, Ana Grande, directora de organización comunitaria y gubernamental para Clínica Romero, destacó que un grupo de 40 promotoras de salud están estableciendo relaciones de confianza con la comunidad, para decirle a la gente que están protegidos hasta cierto punto cuando llegan a la clínica y se les otorga la certeza de que no se va a compartir con nadie su información.

“Las promotoras están trabajando en las zonas de Boyle Heights y Pico-Union”, informó Ana Grande. “Pero también hay veces en que hemos podido contactar a la gente en bibliotecas del Valle de San Fernando y el Sur-centro de Los Ángeles”.

ICE no va a lugares "sensibles"

Sin embargo, Virginia Kice, portavoz de ICE en la región oeste de Estados Unidos, dijo a este periódico que “la actual política de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) dirige al personal de la agencia para evitar llevar a cabo actividades de observancia en lugares sensibles, incluyendo hospitales, escuelas y lugares de culto, a menos que tengan la aprobación previa de un oficial supervisor apropiado o en caso de circunstancias extremas”.

Jessica Good, portavoz de la Agencia de Atención Médica del Condado de Orange dijo que personal de HCA ha recibido algunos reportes anecdóticos de que los miembros de la comunidad, especialmente refugiados, inmigrantes y persona so familias indocumentadas “tienen miedo de acceder a servicios [de salud] debido al ambiente político y la cobertura mediática del discurso público relacionado con la inmigración”.

La funcionaria destacó que HCA se esfuerza por reducir el estigma asociado de tener una enfermedad mental y la búsqueda de servicios de salud.

“Este estigma es una verdadera barrera para las personas que reciben la ayuda que necesitan”, dijo. “Es también más frecuente en las comunidades étnicas; cualquier temor adicional debido al clima político puede aumentar aún más la barrera para las comunidades étnicas en el acceso a los servicios de salud conductual”.

De hecho, HCA se asocia con una organización comunitaria para brindar servicios de consejería de salud mental, a través del programa ACCESS California Services, que se especializa en atender a refugiados del Medio Oriente de África del Norte (MENA) y los inmigrantes.

Los servicios permitirán que individuos de todas las edades que reciben servicios en ACCESS California Services y que presenten, o estén en riesgo de experimentar síntomas leves a moderados de depresión y ansiedad, uso de sustancias o exposición a trauma sean evaluados y reciban servicios de un clínico de salud mental de HCA. Si se necesitan servicios adicionales, los individuos y las familias son apropiadamente referidos.

Hay derechos

Por su parte, Mario Cuevas Zamora, cónsul de México en Santa Ana declaró a Excélsior que la verdad es muy simple y contundente: “No hay que perder la visión de tomar precauciones a los derechos que ya se tienen; según las leyes del gobierno de California todos tienen acceso [a la salud]”.

“La gente no tiene que entrar en estado de pánico y vivir su vida lo más normal que sea posible; hay que cuidarse, no exponerse y si tienen dudas, que se acerquen al consulado y vayan a clínicas donde les digan aquí no hay redadas; no deben vivir en las sombras, ni tener pánico y mucho menos preocupaciones”.

Eso es justamente lo que hace María Barajas, una mujer mexicana oriunda de Michoacán, con sus hijos Daisy, de tres años y Manuel, de cuatro meses de edad, respectivamente.

“Mis niños tienen Medical y lo que más importa es su salud”, dijo María. “Si se me enferman no lo pensaría dos veces para llevarlos al doctor”.


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